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El atardecer de la burbuja

A veces lo mejor que te puede pasar es recibir un ladrillo en la cabeza. Te rompe. Y en el mismo golpe, te despierta.

· 2 min de lectura · Felipe Bozzo Smith

A veces lo mejor que te puede pasar es recibir un ladrillo en la cabeza.

Te rompe, te derrumba, te aniquila, te destruye, te hunde, te desarma. Y, en el mismo golpe, te despierta, te espabila, te enciende, te limpia, te ilumina, te levanta.

Pero para que explote tu burbuja, necesitas una

Y la tienes que construir tú: con la ayuda de tus aduladores y la colaboración de los que callan.

Crearla no es inflar un globo a bocanadas —¡claro que no!—; es un trabajo inconsciente y sutil, constante, progresivo, hasta alcanzar tu esfera perfecta.

A medida que crece se vuelve más frágil e inestable, pero mientras siga entera es tenue, transparente y hermosa, para que no notes que estás dentro. Hermosa, suave y venenosa, para distorsionar todo lo que miras a través de ella.

Te aturde, te enloquece, te emborracha, para que creas que todo es cierto.

Y aunque, por pura física de la vida, sea solo cuestión de tiempo que estalle, se las arregla para que no lo notes hasta que se encuentra con el primer objeto que la revienta: tu ladrillo.

Cuando abras un ojo

Porque el otro te quedará morado.

Verás que desapareció sin dejar rastro, como si nunca hubiese existido. La gravedad te pegará al piso, tu existencia ya no flotará y dejarás de ir con la corriente.

Tu nuevo envoltorio se llamará «fracaso», y espantará a cualquiera que jamás haya caído de su burbuja.

Y después

Solo y en silencio, te harás amigo de la pausa y la paciencia, y poco a poco —¡muy poco a poco!— aprenderás a querer tu fracaso.

Más humilde y más sincero que la burbuja, su polvo te sanará del ego, y su amargura te limpiará los ojos y te aclarará la mirada.

Y aunque a veces cueste entender qué te hizo subir y caer de tu burbuja, el día en que dejes de preguntar, empieces a perdonarte y puedas aceptar, volverás a creer, volverás a andar y le agradecerás al ladrillo que te hizo tropezar.


Este texto es el primer interludio del libro «Tus hijos van a destruir tu empresa». Lo escribí pensando en fundadores — porque la burbuja del que manda es la más difícil de reventar, y la que más caro le sale a todos los demás.

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